Lo dice alto y claro Carlos Alcaraz: él ha venido aquí, a esto del tenis, para pasárselo bien. En busca de la idealidad que probablemente nadie haya encontrado todavía (¿quizá Roger Federer?) entre eso del placer y el triunfar a partes iguales en un deporte que acostumbra más al sufrimiento y al desgaste que al recreo. Un gusto lo de este partido diferente. Colabora Fabian Marozsan, un húngaro de 25 años (56º) que también concibe el tenis como lo que es, en el fondo un juego, y así se aplican los dos. Poco más de dos horas (2h 08m) de entretenimiento y adecuado desenlace para el español, clasificado para la tercera ronda de Roland Garros gracias al 6-1, 4-6, 6-1 y 6-2.
“¿EL CÁNTICO? DE PEQUEÑO LO HICE Y NO ME SIGUIÓ NADIE…”
Satisfecho, Alcaraz se marchó con buen sabor de boca. Dice que le gustó su nivel y que el segundo set no fue tanto demérito suyo, ninguna pérdida de concentración, como el buen hacer y la agresividad de Marozsan.
“He empezado sintiendo la bola de una forma increíble”, introdujo, “pero después, él ha jugado muy bien, el break le ha dado mucha energía; no es que yo haya bajado… Él ha ido mejorando, yo no he aprovechado algunas oportunidades y al final, eso te pasa factura”.
Dulce jornada para él, en conexión con la grada. ¿Por qué el cántico? ¿Improvisado o preparado? “Lo llevaba pensado desde el año pasado, pero nunca me había atrevido a hacerlo. Y ya era el momento”, cuenta. “La primera vez que lo hice fue cuando vine aquí a ver el torneo, de pequeño, pero no me siguió nadie…”.
En paralelo a su victoria, el murciano conoció la eliminación de Casper Ruud, campeón en Madrid y doble finalista en París. El nórdico, tocado de una rodilla, cedió ante Nuno Borges por 2-6, 6-4, 6-1 y 6-0. Podría haber sido el rival de Alcaraz en los cuartos.
En los octavos quizá hubiera sido Stefanos Tsitsipas, apeado por el italiano Matteo Gigante, el 167º del mundo (6-4, 5-7, 6-2 y 6-4).

