Juan José Florián fue a la fuerza adolescente guerrillero de las FARC y soldado voluntario del ejército colombiano. A los 30 años, una bomba lo dejó mocho, sin brazos, sin una pierna, tuerto, sordo. Sus cicatrices son el tatuaje preciso de la violencia que ha marcado la historia de Colombia las últimas décadas, y la esperanza siempre. A los 41, es ciclista paralímpico de magnífico nivel que, pese al nulo apoyo del Comité Olímpico Colombiano, aspira sin desesperación a participar en los Juegos Paralímpicos de París y orador en charlas motivacionales. Quiso morir y quiere vivir. Viste el maillot de Movistar, que le patrocina en Colombia, y el domingo pasado fue uno más en el entrenamiento de sus compañeros del Movistar del WorldTour, y asombró a Alejando Valverde, Nairo y compañía, casi más que por su peripecia vital por su capacidad para aguantar con ellos, pese a que le atacaban sin piedad para ponerlo a prueba. “Como que le bajábamos y apretaban. Y hubo uno de los capos ahí que me traía a 70. Y yo, joder, tío, venís a 70″, recuerda. “Valverde, sorprendido, me decía, guau, no puede ser. ¿Cómo lo haces? ¿Cómo lo hago? Con ganas. Lo que necesitamos es ganas. Necesitamos la oportunidad”. Es Mochoman, un superhéroe con ñocos (muñones) en lugar de brazos, una pierna ortopédica y un ojo de cristal, y pedalea.

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