En su departamento de un octavo piso de Recoleta, uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires, Jorge Bernardo Griffa montó un museo personal de su vida en el fútbol. Aún en actividad a los 87 años (ocasionalmente viaja a Rosario para darles charlas a los futbolistas que se entrenan en las divisiones inferiores de Newell’s en el predio que lleva su nombre), Griffa habla entre camisetas, fotos, cuadros, premios, libros y banderines que grafican una trayectoria de siete décadas, primero como futbolista y luego como descubridor y formador de jóvenes. En su colección sobresalen los recuerdos de Newell’s, el único club para el que jugó en su país y en el que comenzó su búsqueda de talentos, y del Atlético de Madrid, en el que se convirtió en leyenda. En diez años, entre 1959 y 1969, ganó cinco títulos y formó parte de un equipo que los abuelos atléticos repitieron como mantra a sus descendientes: “Griffa, Rivilla, Calleja”. El argentino tampoco olvida al club al que define como su “gran amor”: para su perfil de whatsapp eligió una foto de su etapa como jugador del Atleti. Al lado escribió “memento mori”, expresión latina que significa “recuerda que morirás”.

