Son dos bandos frente a frente. La guerra en el golf mundial se escenifica por primera vez con los soldados de uno y otro ejército mirándose a los ojos. Sucede en el Country Club de Brookline, en Boston, sede del US Open que comienza este jueves. A un lado de las trincheras, los rebeldes que han dejado plantado al circuito americano para jurar amor a LIV Golf, la liga saudí de ocho torneos que ha puesto patas arriba el deporte con su ilimitada chequera: 4,75 millones ganó el sábado pasado el sudafricano Charl Schwartzel, número 126 del mundo, por liderar la clasificación individual y por equipos en la cita inaugural de Londres. Se mire por donde se mire, no hay comparación: por tres días de juego, 54 hoyos, es más que lo que él mismo ingresó en los últimos cuatro años juntos en el PGA Tour, más de lo que ha ganado Jon Rahm, número dos mundial, en toda esta temporada, y más del doble de lo que se apuntará este domingo el ganador del tercer grande del curso (2,2 millones).
Phil Mickelson en la diana tras una carta de las familias del 11-S
De héroe a villano. Nadie como Phil Mickelson simboliza el giro de guión en esta película. Uno de los golfistas más queridos por la afición estadounidense es considerado un traidor por su alianza con la liga saudí. Después de cuatro meses apartado del circuito americano tras verbalizar su apoyo al rompedor proyecto, Mickelson volvió a jugar la semana pasada, en Londres, y ahora pisa el US Open en medio de un ambiente muy tenso. La conferencia de prensa que afrontó antes del torneo pareció un juicio.
“Respeto lo que hagan los aficionados, si me apoyan o no. Entiendo sus emociones y sus sentimientos acerca de mi decisión”, dijo Mickelson. El asunto se ha adentrado en la política. La asociación de familias del 11-S le envió una carta recriminándole su fichaje por el bando saudí, acusándole de hacer negocios con el enemigo de la patria y aludiendo a la figura de Osama Bin Laden. “Tengo una profunda empatía hacia quienes perdieron a sus seres queridos”, se defendió una y otra vez el jugador, cuestionado también sobre la reacción de los otros golfistas y sobre el recibimiento que espera de una hinchada caliente como la de Boston. “Hemos compartido mucho con los jugadores. Respeto si no están de acuerdo, pero creo que en este momento he tomado la decisión correcta. He sido parte del PGA Tour durante más de 30 años [era miembro vitalicio gracias a sus éxitos] y he intentado darles todo. Ahora estoy emocionado con lo que LIV Golf supone”, comentó.
Mickelson ha ganado seis grandes y el curso pasado se convirtió a los 51 años en el vencedor de más edad en el Grand Slam con su corona en el PGA. Sin embargo, se le ha escurrido siempre el US Open, seis veces segundo. Cuando este jueves arranque la 30º edición que disputa, celebrará a la vez su 52 cumpleaños convertido en villano.

