Jon Rahm solo dejó volar su mente hacia la chaqueta verde cuando conectó el tercer golpe en el hoyo 18 y apenas le restaba un putt para conquistar el Masters. Hasta entonces había retenido las emociones que se agolpaban en su interior con una frialdad asombrosa. El vasco se había prohibido a sí mismo pensar en el momento que estaba esperando toda su vida, desde que de niño le prometió a su entrenador Eduardo Celles que sería el número uno del mundo, también el vaticinio que hizo en 2013 cuando abrió una galleta de la suerte: “Tu talento será recompensado”, decía el mensaje. “¡Voy a ganar el Masters!”, tuiteó entonces el joven Rahm.
Gran actuación de LIV Golf
Otro Masters se jugó en Augusta además del que dictó la clasificación. En disputa estaba también conocer si el primer grande de la temporada caía del bando de un jugador de las filas del circuito americano o por el contrario un representante de la Liga saudí, LIV Golf, cazaba para la nueva competición el primer gran título del Grand Slam.
Rahm dejó a salvo la corona para el poder tradicional, pero por detrás de él brillaron en la última ronda tres gallos de la Liga saudí entre los 18 participantes que se presentaron en la casilla de salida: Phil Mickelson y Brooks Koepka compartieron la segunda posición a cuatro golpes del líder, y otro por detrás Patrick Reed escaló hasta el cuarto puesto junto a Jordan Spieth y Russell Henley. No hubo una chaqueta verde saudí, pero sí una gran actuación de los rebeldes.
“Pensé que era emocionante que este torneo se elevara por encima de todo para tener a los mejores jugadores del mundo aquí y se perdieron todas las mezquindades; eso fue genial”, explicó Mickelson, que a los 52 años, y después de ganar tres veces el Masters (2004, 2006 y 2010), se convirtió en el golfista de más edad en terminar entre los cinco primeros en la historia del torneo. “Estoy contento de estar donde estoy”, aseguró Mickelson sobre su traspaso a la Liga saudí. “Quería algo diferente por muchas razones, y estoy sacando mucho provecho de ello porque el ambiente de equipo me aporta una gran energía y entusiasmo. Hay jugadores de todas partes, de todo el mundo en muchos circuitos, y los mejores juegan unos contra otros en los grandes. Eso es lo que debería ser el golf. Siempre habrá lugar para un torneo histórico como el Masters, pero está bien tener más variedad”.

