Jon Rahm vive en Arizona, en cuya universidad estudió y se coronó como número uno mundial amateur de golf, y desde la que dio el salto a profesional. Está casado con una estadounidense, Kelley, a quien conoció en una fiesta de disfraces, él de policía de élite y ella de árbitro de la NFL, y sus dos hijos, de nombres vascos, Kepa y Eneko, nacieron en Estados Unidos. Tiene un mánager y una agencia de representación americanos, igual que su caddie, Adam, y su equipo de entrenamiento. Habla perfectamente inglés, después de aprenderlo escuchando a Eminem, es una de las grandes estrellas del circuito y un altavoz en la batalla ante la liga saudí, y tiene amistad con mitos como Michael Phelps. Incluso su nombre suena yankee (Rahm es un apellido suizo), y en su libreta de juego luce el apodo Rahmbo. Pero Rahm no es americano, sino de Barrika, un municipio de Bizkaia de 1.500 habitantes donde viven sus padres, Edorta y Ángela, y ese pasaporte, afirma, influye en que salga poco durante los torneos en la televisión estadounidense salvo que puje por la victoria. “No me sacan porque no soy de allí, no soy de los mimados. Pero si gano, no les quedará otra que sacarme”, explicaba el golfista vasco la semana pasada, antes de disputar en California el American Express. Y eso hizo, ganar, y las cámaras no tuvieron más remedio que rendirse.

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Por qué el mejor no es el número uno

En marzo del año pasado, el estadounidense Scottie Scheffler, de 25 años, subió al número uno del mundo tras celebrar tres títulos en un mes y medio. Rahm ha ganado cuatro de los seis últimos torneos que ha disputado, ha sido octavo en el Hero World Challenge y cuarto en el CJ Cup, y en sus 10 últimas citas solo se ha quedado fuera del top ten una vez. Y sin embargo, el acelerón apenas le ha servido al español para superar en el tercer escalón del podio al australiano Cameron Smith, que desde agosto no puntúa para el ránking al emigrar a la liga saudí. Por delante, Rory McIlroy y Scheffler. 
El lento avance de Rahm en la clasificación mundial se debe a los cambios introducidos recientemente en la confección de este listado. La principal modificación es que se ha retirado el mínimo de puntos que se repartían a los ganadores de cada torneo en función del circuito. Hoy un nuevo sistema calcula la puntuación de cada cita y la importancia del ránking de sus participantes es menor. Rahm ha llegado a calificar el nuevo engranaje como “de risa”. 
El vasco fue número uno mundial durante 43 semanas, 12º clasificado en una lista creada en 1986 y que Tiger lideró durante 683 semanas.

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