Por mucho que deslumbre el oro saudí, el golf es historia. La de este US Open que comienza este jueves en Brookline, cerca de una ciudad de Boston que comparte pasión con la NBA, comienza a escribirse en 1913. Fue entonces cuando un joven estadounidense, Francis Ouimet, se convirtió en el primer golfista que ganaba el Abierto americano siendo amateur. Tenía solo 20 años y era un desconocido. Y tan sorprendente como su victoria en un desempate con Harry Vardon y Ted Ray fue que su caddie, Eddie Lowery, era un niño de 10 años, apenas un poco más alto que la bolsa de palos.
El curioso caso de los hermanos Koepka
La división en el golf mundial puede convertirse en un asunto de familia. Es lo que sucede con los hermanos Koepka. El mayor, Brooks, 32 años y número 19 del mundo, es una de las estrellas del circuito americano, ganador de cuatro grandes: dos US Open (2017 y 2018) y dos Campeonatos de la PGA (2018 y 2019).
El menor, Chase, de 28 años, pasaría desapercibido si no fuera por su apellido: no suma ninguna victoria profesional y hay que bajar al puesto 1.579 para encontrarle en la clasificación mundial. Aunque su popular parentesco le ha concedido una oportunidad de oro.
La semana pasada, Chase Koepka fue uno de los 48 jugadores que abrieron la liga saudí (fue 37º), el golfista no amateur con peor ranking entre los participantes. Así que en la misma familia cada uno juega bajo una bandera diferente. Puede que incluso el fichaje del hermano pequeño sea un anzuelo para atraer al pez grande. “Amo a mi hermano. Le apoyo en todo lo que hace”, explica Brooks, enigmático sobre su futuro: “Juego en el PGA Tour porque hasta ahora no había otra alternativa”.

