El baloncesto es un deporte que tiende al cambio. Esta máxima se ha hecho más patente a lo largo del último lustro, donde se han producido <strong>las alteraciones más rupturistas y raudas</strong> desde que se instaurara el reloj de posesión en la NBA. La aguerrida pintura, territorio de contienda sin trincheras en su día,<strong> ha sufrido el mayor éxodo de la historia</strong>. La era de los triples, de los tiros sin discreción y del ‘small ball’ se han materializado en <strong>una intrincada zona interior que incita a salir de ella</strong>. Algunos la sufren, otros se adaptan y, los más avispados, le sacan provecho. <strong>Nikola Jokic</strong> y <strong>Joel Embiid </strong>forman parte de esta última categoría.

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