En Maspalomas recuerdan bien al chico que llegó casi en silencio. Apenas hablaba, observaba mucho y pasaba bastante desapercibido fuera del campo. Dentro, en cambio, era imposible ignorarlo. Job Nguono Ochieng (Nairobi, Kenia, 23 años) acababa de aterrizar en Gran Canaria con una mochila ligera, poco idioma y una responsabilidad enorme: responder al esfuerzo que su familia y su entorno habían hecho para que pudiera perseguir su sueño en Europa. Era el verano de 2020 y apenas tenía 17 años.

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