La noche que el Chelsea jugó en el Mundial de Clubes uno de los partidos más largos de la historia, los octavos contra el Benfica, más de cuatro horas y media por las tormentas, el delantero que los llevó diez días más tarde a la final de este domingo contra el PSG estaba con sus amigos en la playa en Río de Janeiro. João Pedro era todavía ese día un futbolista del Brighton & Hove Albion de vacaciones. Aunque alerta. Sus agentes le habían dicho que el equipo inglés, que acababa de superar los octavos contra el Benfica ese 28 de junio, quería contratarlo para lo que aguantaran en el torneo. Pagaron 64 millones de euros y el 2 de julio lo sacaron de la playa y lo enviaron a Estados Unidos. A tiempo para debutar dos días después en los cuartos contra el Palmeiras y resolver el día 8 con dos golazos la semifinal contra Fluminense, el club que lo salvó de chico.

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