A Jan Gurri (La Roca del Vallès, Barcelona; 20 años) le gustaba el motocross. En su primera adolescencia, el novio de su madre le llevaba a circuitos y a ver motos con su hermano mayor, y con 15 llegó a tener un ciclomotor de 49 centímetros cúbicos para andar por el pueblo. Pero, cuando tuvo que elegir, donde de verdad aceleró fue en el balonmano. Él es el último cañón salido de la factoría del Balonmano Granollers, una máquina expendedora de producir nuevos jugadores que este fin de semana disputa la Final Four de la Liga Europea (la segunda competición continental), toda una hazaña para un club de cantera como este que vive con lo puesto.

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