Llegaba herido a la final del 5.000 metros Jakob Ingebrigtsen. Cinco días atrás se había quedado a un paso del oro en los 1.500 metros tras ser derrotado por un británico, Jake Wightman, con el que pocos contaban como candidato. Y el noruego no ocultó su decepción por haber perdido con alguien “inferior”. Ese calificativo a un rival que le ganó limpiamente en el tartán le granjeó críticas. Y volvió a resucitar la controversia sobre su personalidad: hay quien cree que su talento es tan grande como su arrogancia. Para otros, en cambio, es solo la legítima ambición del que se ve preparado para todo, hasta el punto de desdeñar la plata.

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