Donald Trump, aunque expresara lo contrario, probablemente estaba feliz por la actuación de Bad Bunny en el show del medio tiempo de la Super Bowl. Era un caramelo, una oportunidad de oro para alguien que trata de polarizar a la sociedad estadounidense. Sus correligionarios incluso organizaron un espectáculo alternativo con Kid Rock a la cabeza para dar gusto a su líder.

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