Los de Perth, una ciudad alejada de todo, allí, sola, perdida en la costa oeste, no son precisamente los más envidiados en Australia, un país gigantesco y solo, allí perdido, en las antípodas de todos. La gracia de la serie Upright, tan auténtica, dicen los australianos, estaba, al parecer, en lo extraño que debe ser que alguien allí desee atravesar todo el continente por el desierto de este a oeste, cuando lo habitual es migrar al revés, hacia el sol que nace, y cuando el protagonista se cruza con una cuadrilla que huye de Perth, después de hablar con ellos concluye que no son precisamente gente muy interesante. “Lo único de lo que hablan es de que el resto del país les debe más respeto y de cómo el centro de la ciudad está progresando de verdad”, dice el protagonista, desesperado, y quizás uno de esos que hablaban así, tan aburridos, podría ser perfectamente Jai Hindley, que salió de Perth en bicicleta y, a los 26 años, entra en bicicleta en la Arena de Verona pedaleando sobre una alfombra rosa, y viste de rosa feliz, ganador del Giro. Un freaky del ciclismo y un sueño casi tan grande como su ciudad, por lo menos.

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