Doce pruebas en una semana, seis coreografías distintas, seis esquemas mentales y un maratón acuático saturaban el cuerpo de Iris Tió (Barcelona, 2002) en los Mundiales de Singapur, cuando el miércoles pasado cogió el teléfono en el Centro Acuático. Acababa de ganar el oro en el solo libre y su voz sonaba dulce y distraída, como dejándose llevar por el oleaje de la tormenta de un concurso que la consagraría, a juicio del tribunal de la federación internacional, como la mejor nadadora del planeta. Seis de las nueve medallas que cosechó España son suyas. Tres oros la colocan en una dimensión que no conocieron Gemma Mengual, Andrea Fuentes ni Ona Carbonell, sus predecesoras en el equipo nacional.

