Yo llegaba, no sé ni cómo ni sé con quién pero, supongo, no imagino otra opción, que era en coche con mi padre al volante, al aparcamiento de las instalaciones del Athletic en Lezama. Yo solo sé que, para mí y mis sueños, era como viajar al metaverso. Vamos, como una realidad paralela a la que se me permitía acceder, pero a la que no pertenecía.

