El deporte se concibe como un espacio de paz. Un ideal difícil de sostener, pero merece la pena. En ese sentido me ha agradado la decisión de Irán de acudir al Mundial-2026 salvando, que es mucho salvar, la repugnancia a acudir a Estados Unidos, el país que el 28 de febrero decidió espolvorear su suelo con misiles, en collera con Israel. Irán está lejos de ser mi ideal de país, prefiero desde luego nuestro modo occidental, pero aquello fue un ataque preventivo sin ‘casus belli’ previo salvo su archiconocida enemistad por Israel. Una acción que remitía a la de Japón sobre Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, que quedó consignada, en palabras de Roosevelt, como fecha para la infamia.

