Ion Izagirre obró el milagro para poder estar en el escenario de su despedida. Una caída entrenando y una mano rota parecían haberle robado el final que había imaginado, pero el guipuzcoano apuró los plazos y consiguió llegar a Lombardía para poner el último dorsal a una carrera inolvidable. Ion se marcha así como quería: sobre la bicicleta, con una victoria todavía reciente, el respeto intacto del pelotón y la tranquilidad de quien entiende que ha llegado el momento de dejar la carretera atrás y volver la mirada hacia casa.