Celebró el fútbol en Wembley. Y lo hizo por partida doble, hasta por tiple si se quiere. Ganó la coral Inglaterra, una selección que supo jugar con y sin balón, que se gustó pero que también sufrió. Ganó el juego, después de torneo precioso, coronado con una final que pasó del miedo al vértigo, que nunca aburrió. Pero, sobre todo, ganó el fútbol femenino. Inglaterra y Alemania honraron al fútbol en la Catedral y se llevaron un premió extra: una marca única, símbolo de los nuevos tiempos. La UEFA promocionó como nunca a la Eurocopa y la gente reaccionó como siempre cuando gira la pelota. Wembley se llenó para firmar un récord de público jamás visto en una Eurocopa tanto femenina como masculina (87.192 espectadores, la marca anterior era de 79.115 en la Euro de 1964, cuando España le ganó a la Unión Soviética en el Bernabéu).

