Inglaterra y Gales, la gran rivalidad del hemisferio norte, con un palmarés casi clavado —un orgullo para los segundos, con una vigésima parte de sus habitantes— es hoy un abismo. Para alegría de los ingleses, que arrollaron este sábado en Londres a su piedra en el zapato de tantos inviernos por un 48-7 que se queda corto para el despropósito galés en la primera parte. Fue, en realidad, peor que el 14-68 del año pasado en Cardiff, pues este ha llegado con las baterías llenas, en el estreno del Seis Naciones. Un torneo que Inglaterra lidera tras ese marcador holgado, empatada a puntos con Francia. Es la única aspirante real a derrocar a los galos tras el fiasco de Irlanda en París y la debacle de Escocia en Roma (18-15), derrotada por una sólida Italia que esquiva por tercer año seguido la cuchara de madera.

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