Sin duda, usted se merece el primer Premio de la Paz de la FIFA por todo lo que ha conseguido a su manera”, le dijo el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a Donald Trump mientras éste auto enfundaba al cuello su medalla pacifista, quizá la representación más simbólica y precisa de todo su narcisismo. Infantino contemplaba la escena con sonrisa extática, satisfecho de su contribución a la paz planetaria. El intercambio fue rápido y eficaz: prestigio simbólico e inventado, a cambio de apoyo económico. Hay un Mundial en el que participan 48 selecciones por primera vez en la historia. Hay que llenar los estadios con ocho millones de personas. Hay que cobrar.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *