Igor Antón estaba siguiendo LaVuelta desde dentro, en su actual labor como asesor con invitados, cuando el pasado sábado la radio de carrera anunció la caída de Tadej Pogacar. Apenas unos minutos antes había bromeado con uno de los masajistas del UAE. Después llegó la noticia. Y, de repente, dejó de estar en 2026. Volvió mentalmente a 2010. “En el momento que dijeron que se había caído y que igual se retiraba pensé: ‘No puede ser’. Reviví lo mismo que me pasó a mí”, explica Antón a MARCA. “Me vino esa sensación de una especie de shock y de vacío. Fue un poco como nos quedamos todos con el abandono de Pogacar”. El paralelismo era inevitable. Antón vestía el maillot rojo y era uno de los grandes nombres de aquella Vuelta cuando se fue al suelo y tuvo que abandonar una carrera que tenía ante sí la posibilidad real de conquistar. Dieciséis años después, viendo caer al mejor ciclista del mundo, aquel golpe regresó.

