Son las seis de la mañana, y en una de las calles del campus de la Universidad de Oregón el día ya ha comenzado. Varios atletas chinos se ejercitan balanceando los brazos atrás y adelante, y un grupo de fondistas etíopes camina despacio hacia los senderos junto al río. Esta mañana les toca 40 minutos de carrera suave. Los marchadores no tardarán en aparecer, zapateando recta arriba, recta abajo, entre los edificios donde aún duermen otros deportistas, entrenadores y periodistas. A solo unos metros, el estadio Hayward Field, visible desde algunas ventanas, y su pista, el escenario del examen.

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