Llegará el sábado y será el apocalipsis, y no lo dicen los posos del café que analiza un vidente, ni las entrañas de un cordero sacrificado para conocer los augurios, sino un danés escuálido, de tez blanca, casi transparente, que lidera la Itzulia. Lo dice Vingegaard. “Siempre es así en la última etapa”, profetiza desde el estrado de la casa de cultura de Amorebieta, donde se sienta para desmenuzar la etapa. “Espero el caos total; que Landa dé todo lo que tiene”, pero también cree que el Jumbo, su equipo, responderá, “porque lo ha hecho toda la temporada”.

