Los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina trascenderán de la manera en que lo hicieron en la otra visita de la gran cita a la estación alpina en 1956: gracias a la televisión. Entonces, por primera vez, se proyectó al mundo una cita olímpica de invierno, a pesar de la resistencia y miopía del presidente del COI entonces, el racista Avery Brundage, que sostenía que aquello era una tontería. «Hemos triunfado 50 años sin ella y podríamos hacerlo otros 50».

