Hay una leyenda suelta por París, que se deja ver paseando en bicicleta por el l’Arc de Triomphe y responde al nombre de Novak Djokovic, el eterno, el incombustible, el impresionante. Acorde el escenario: monumental. Dejando al margen los números e independientemente de filias y fobias, se entregan los parisinos por completo a un campeón que ha impartido una lección táctica, que ha remontado (4-6, 6-3, 6-2 y 6-4) y que al borde de la medianoche, con 38 primaveras y al quinto intento, remacha y se sincera: “No es fácil ser competitivo aquí, a mi edad, pero por este tipo de partidos merece la pena seguir jugando”. Tiene otro por delante el viernes en las semifinales ante el número uno, Jannik Sinner (6-1, 7-5 y 6-0 a Alexander Bublik).

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