Lewis Hamilton ha vuelto. Cuando algunos ya le daban por retirado. Cuando estaba más lejos que nunca de escribir algún capítulo histórico con el manto sagrado de la Fórmula 1, el de la Scuderia Ferrari. Cuando nadie tosía a Mercedes. Pero en el Circuit de Barcelona-Catalunya volvió el viejo estilo del heptacampeón británico y dibujó uno de sus capítulos más bonitos en la exigencia de Montmeló. El que vale para romper su maleficio y alcanzar las 106 victorias. El que también necesitaba Ferrari, con más de un año natural sin subir a lo más alto. Y el que le hace el gran rey de la pista catalana con siete triunfos.

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