James Harden nunca ha sido un tipo flaco o esbelto. Ni siquiera cuando tenía 20 años. Está claro que lo del gimnasio y lo de correr por correr no va con él, que en la cancha siempre ha suplido su déficit físico con un talento descomunal para dejar en evidencia a sus defensores con movimientos como sus ‘fadeaways’ para lanzar triples y sus letales penetraciones a canasta con esa zurda de porcelana.

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