Llueve en Estambul, y la melancolía de la lluvia aumenta la belleza de la ciudad, y no se ve ni un gato por la calle, y desde lejos, en la pista Ataköy sobrecaldeada, parece que Esther Guerrero está llorando. Han pasado segundos desde la final de 1.500m. Ha ganado la favorita, la escocesa Laura Muir (4m 3,40s). Ella ha quedado cuarta con el mejor tiempo de su vida en pista cubierta (4m 4,86s). Quizás por eso llora. ¿El cuarto duele? “A mí, no”, responde la mediofondista de Banyoles, de 33 años, que, en realidad no lloraba, sino que se reía, incapaz de no disfrutar del momento. “Queda la espinita de haber tenido el podio cerca. Estando fuera del atletismo, como yo he estado, un año lesionada, valoras más los recuerdos, y sabes que el recuerdo de un podio define el currículo de una atleta, y me gustaría poder tener ese recuerdo, pero echaba más de menos, recordaba con más sensación de pérdida, los momentos de presión competitiva, de sentirme atleta. Y he vuelto a sentirme competitiva aquí, disputando una final y luchando hasta el final por la victoria”.

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