
Entrar o salir de Guadalajara se ha convertido en un calvario. Hay obras por todos lados y las retenciones en las principales vías de la ciudad pueden superar los 35 minutos. Los accidentes abundan y las protestas sociales se acumulan hasta poner a la capital de Jalisco en punto de ebullición semanas antes de que sea la anfitriona de cuatro juegos del Mundial. La crisis de agua sucia, que desde hace meses afecta a cientos de miles de habitantes, ha sido la última en añadirse a otros problemas persistentes de la urbe y su zona metropolitana, de cinco millones de habitantes. El aumento de los precios del transporte público, las denuncias por el “embellecimiento” de la ciudad y el alza de los contagios de sarampión en el Estado —que lidera los registros nacionales con más de 5.000 casos— han elevado la presión a unas autoridades que ven multiplicarse los frentes a menos de cien días de que inicie el torneo de fútbol más famoso del mundo.






