Trepado el muro de Les Praeres, Louis Meintjes, el ganador de la etapa, no se lo pensó dos veces y, vestido, se metió en el agua fría del río. “Nada mejor que eso”, señalaba Hans de Myttenaere, el médico de su equipo, Intermarché. A escasos kilómetros, Juan Ayuso se encontró a un conocido que iba en coche. “¿Me puedes bajar? Estoy reventado”, le pidió; “sé que son 300 metros, pero no puedo más”. Aunque peor lo pasó Thyssen Arensmann, que al llegar a meta tras la crono se mareó y tumbó en el suelo, tremendo golpe de calor. “Fue un susto, pero ya se ha recuperado más o menos”, aclaraba Matthhew Winston, el director de DSM. Ellos tres son ejemplos de la dureza de esta Vuelta, quizá no tanto por el recorrido, pero sí por el ritmo del pelotón y las escapadas, por el cambio de temperatura y, claro, por algunas subidas rompepiernas. A eso hay que añadirle los positivos por covid —ya son 22 bajas y ayer se retiraron, entre otros, Simon Yates (5º clasificado) y Pavel Sivakov (9º)— y las caídas… Pero, por fortuna, de Murcia al Cabo de Gata el pelotón se dio un respiro del que salió victorioso Kaden Groves (BikeExchange) a falta del Sam Bennett el conquistador, ganador de los dos primeros esprints masivos y descabalgado de la carrera, claro, por la covid.

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