Bajo la fina batuta de Griezmann y la solidez que tanto ha echado de menos Simeone, el Atlético despachó al Oviedo en el Carlos Tartiere y firmó su pase a los octavos de final de la Copa del Rey. Marcos Llorente, mediado el primer tiempo, y el emergente Pablo Barrios en los minutos finales concretaron la victoria rojiblanca. Tan buena noticia para el Atlético fue la clasificación como la elevación de Griezmann para dirigir el ataque y la determinación de Barrios. El primero fue un manual de criterio para darle carrete al juego de su equipo y el segundo protagonizó otro episodio que confirma su ascensión a la élite. No se le encogió la pierna ni se le hizo de noche para sentenciar el choque. Sin ángulo, ejecutó a Nadal con maestría, con un tiro raso y sibilino.

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