Hay veces que los goles retratan un partido. Uno de rebote de Mario Hermoso, otro de penalti del Oporto, tras unas manos incomprensibles del central, y uno final de Griezmann, de una jugada de estrategia cabeceada en el segundo palo. El fútbol puede ser tan paradójico que Hermoso celebró su tanto en el mismo fondo en el que tuvo un altercado con los ultras del Atlético contra el Villarreal por tratar de silenciar los insultos a Griezmann. Este sigue con su cautiverio contractual que le condena a jugar solo las medias horas finales. Y también continúa mostrando que ahora mismo son un lujo sus suplencias. Suma ya tres goles, dos de ellos decisivos, el de Valencia y el de anoche. De los cuarenta millones que el Atlético le tiene que pagar al Barça, si se lo queda en propiedad, anoche descontó los tres que se dan por victoria en Champions.

