A veces no se sabe si este Real Madrid está al principio o al final. Tampoco está claro qué es mejor. O peor. Contra el Betis dejó rasgos con aires a lo que mostró en el Mundial de Clubes, con ritmo, estructura y Gonzalo marcando todo lo que le caía. El equipo de Xabi Alonso desprendía ese aroma, pero en el mismo partido tembló con la ternura del que está empezando. Perdió el control cuando ganaba 3-0 y volvió a emitir de que se había olvidado todo de repente y se le podía escapar esa ventaja en dos apretones del Betis, ante el que solo se interpuso Courtois. Entonces, en la marejada extrema, volvió a aparecer Gonzalo, tan joven, tan entusiasta, tan letal. Tan olvidado. Cuando se fue sustituido, el Bernabéu lo despidió en pie, entregado.

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