Finalista de Copa y semifinalista de Champions. No está mal del todo, pero no es lo que en algún momento se llegó a pensar y no compensa el abandono tan prematuro de LaLiga. En eso queda la temporada del Atlético y es una lástima, porque ha estado cerca de esos objetivos a los que consagró sus esfuerzos. Es muy de sentir sobre todo por Koke, que de nuevo estuvo en jugador grande, capitán, eje del juego, constante. Y por el esfuerzo colectivo, en el que no hay quejas. Pero ha sido una eliminatoria apretada, decidida en Londres por un gol sobre el descanso, el peor momento. Hasta ahí, el Atlético se había dedicado, demasiado para mi gusto, a esperar. Amagaba salidas, sistemáticamente fracasadas por la izquierda en una mala noche de Lookman, algo más afortunadas por la derecha, aunque siempre escasas.

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