Dormitaban los barcos en armonía y sin sobresaltos en el puerto de Sant Feliu de Guíxols, olas suaves y sin picar que explicaban que la bravura, por un día, no correría de su parte, sino que se daría a escasos metros y sobre el asfalto como relató UAE agitando al pelotón en los últimos kilómetros; como explicó Vingegaard, siempre en las posiciones delanteras, capataz de la situación; como reivindicó Evenepoel, que probó el órdago con un sprint de más de medio kilómetro; y como remató el francés Dorian Godon, de Ineos, que aguantó el tipo para después, con golpes de riñón y pedaladas de orgullo, pulmones incendiados y boca reseca, lograr imponerse por milímetros, al punto que se requirió de la foto-finish para saber quién se pondría el primer laurel de la Volta a Catalunya.

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