Tras firmar varias camisetas de los Seattle Supersonics, equipo en el que brilló en la década de los noventa, Gary Payton (Oakland, California; 53 años) repone fuerzas con calma. Es su momento. Recién llegado de San Francisco, donde su hijo, también Gary, disputa las Finales de la NBA con los Golden State Warriors, Payton se declara competitivo por genética. No podía ser de otra forma. En 13 temporadas en la liga, el base californiano tan solo se perdió 25 partidos e hizo méritos suficientes para entrar en el Salón de la Fama: nueve veces all star, nueve veces en los mejores quintetos de la temporada, premio a mejor defensor del año y un largo etcétera. Apodado The Glove (El Guante) por sus grandes dotes como ladrón en la cancha, Payton es el único jugador de la historia con 20.000 puntos, 8.000 asistencias, 5.000 rebotes y 2.000 robos. Un todoterreno al que la NBA ha incluido entre los 75 mejores jugadores de su historia. Educado, sin hacer muestra de su lengua afilada, esa que le erigió en uno de los tipos más duros de la liga en los noventa, atiende a EL PAÍS con unas vistas privilegiadas desde las oficinas de la NBA en la capital.

