Dicen los estudios que solo el 3% de los mamíferos son monógamos. Somos curiosos, siempre queremos probar la manzana, y algunas especies tienen la excusa de la supervivencia. El fútbol es un mundo particularmente promiscuo, donde los dueños de los cromos los cambian e incluso los ceden cuando han perdido el interés, y los jugadores pican de flor en flor para rentabilizar los mejores años de su físico. Por eso resulta conmovedor el club de los hombres de un solo equipo, el One Club Men, que integra a los futbolistas que juraron amor eterno a un escudo, en la salud y en la lesión; en la riqueza y en la pobreza, rechazando tentadoras ofertas millonarias para irse con otra. Los que, pudiendo tener a cualquiera, eligieron quedarse con la única y gozaron de la complicidad de directivos que supieron ver que, aunque se juega con los pies, este deporte es una industria sentimental, una pasión compartida, comunitaria, que demanda victorias y títulos, pero también la construcción de leyendas, es decir, identidad. La fidelidad siempre es trabajo de dos.

