El robo que sufrió <strong>el Barcelona en el Giuseppe Meazza</strong> fue de los gordos. El árbitro no quiso ver unas claras manos del equipo italiano que habrían supuesto un penalti en los últimos instantes del partido. El esloveno <strong>Slavko Vincic</strong> no las vio y el VAR no quiso verlas. <strong>El enfado de Xavi fue mayúsculo.</strong> Ante los medios de comunicación mantuvo la calma a pesar de que dijo unas cuantas verdades. Y de las duras.<strong> En el vestuario estaba que trinaba</strong> ante una injusticia inexplicable. Dicen que nunca habían visto así al técnico azulgrana.

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