Las cicatrices del Chelsea son profundas. El devastador legado de Graham Potter no se cura en dos días. Es el tiempo que transcurrió el equipo en manos de su nuevo entrenador, Frank Lampard, antes de viajar a Wolverhampton a jugar su partido de Premier, este sábado. Perdió 1-0. Un disparo desde fuera del área de Matheus Luiz, pudo irse arriba o pegar en el palo, pero se metió por la escuadra. La mala suerte se mezcla con la pésima gestión en un club agobiado por el pesimismo. Los miembros más veteranos de la junta directiva creen que el Madrid los eliminará de la Champions en la ronda de cuartos que les espera la semana que viene. “Somos como el Anzhi de Majachkalá”, bromean; “tenemos grandes jugadores pero nos falta equipo”.

