En efecto, Franco Mastantuono vuelve esta noche al Santiago Bernabéu, donde hace dos semanas fue aclamado antes de debutar. Lo nunca visto. Tampoco había visto nunca que se acusara a alguien de ser portador de un nombre. El “Franco, Franco, Franco” desató repercusiones dignas de un análisis antropológico. Si el canto fue una broma, bien traída está. No hay exorcismo mejor que el humor. Si alguno entonó el nombre con particular pasión porque le trajo nostalgia ideológica, estaríamos ante un inédito tipo de estupidez. La de fortalecer los argumentos de la tribu rival. Pero estoy seguro de que la mayoría, sobre todo entre los más jóvenes, solo cantó el nombre del nuevo ídolo. No es fácil ponerle ritmo o encontrarle rima a ese apellido, que ni siquiera tiene una “R” para darle garra.

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