Ferrari empieza a oler a chamusquina. Como cada año desde que el Mundial de Fórmula 1 se puso a rodar en la década de los años 40, la Scuderia se presentó puntual a la cita y lo hizo con las pilas cargadas, esperanzada por el cambio en la normativa que siempre abre la puerta para que se cuelen sorpresas. Y el mayor de los asombros lo protagonizaron los bólidos rojos, al menos durante los ensayos se pretemporada y las primeras paradas del calendario. Sin embargo, el avance del calendario parece indicar que toda esa fuerza fue básicamente un espejismo, una impresión avalada por la estadística. El caso más sangrante es el de Charles Leclerc. El monegasco se encuentra seguramente en el momento más dulce de su trayectoria como piloto y su endiablada velocidad queda reflejada en los números: el chico acumula seis pole position de ocho posibles, las últimas cuatro encadenadas de forma consecutiva. Lo que ocurre es que su coche ha dejado de acompañarle y eso puede costarle al equipo italiano la posibilidad de pelear por el Mundial hasta el final del curso, algo que no consigue desde hace diez años (2012).
Leclerc: “Esto duele mucho”
Al menos de puertas hacia afuera, Charles Leclerc es un chaval afable y comprensivo, con un temperamento muy equilibrado y que difícilmente pierde los nervios. Habrá que creer que es así después del chasco que se llevó en Bakú, donde completó una racha nefasta que le ha acompañado en las últimas tres paradas del calendario. Como este domingo en Azerbaiyán, hace tres semanas, en Montmeló, su Ferrari se quedó seco cuando él dominaba la carrera. En la siguiente cita, 15 días atrás, la torpeza de los estrategas de Ferrari le apartó de ganar en Mónaco, probablemente, el triunfo que más ilusión le hace. Y como no hay dos sin tres, su monoplaza volvió a dejarle tirado cuando tenía a tiro de piedra la oportunidad de cambiar la tendencia en la que se ha instalado, y detener el derrame de puntos a favor de Max Verstappen, el líder del certamen.
“No sé qué pasó. Perdí potencia y vi humo, pero no sé mucho más que vosotros”, comentó el monegasco, poco después de bajarse de su bólido, con cara de no entender nada. “Antes de ese momento, había recuperado terreno y me puse líder. Esto duele, duele mucho”, convino Leclerc.
El domingo que viene, la caravana del Mundial se instalará en Montreal, en el que será un desplazamiento exprés y de los más complicados del calendario. Se supone que, para entonces, Ferrari ya habrá hecho un diagnóstico preciso de los fallos que impidieron cruzar la meta a sus dos prototipos. En el caso de Leclerc, el humo que desprendió su coche y el ruido que hizo el propulsor no dejó demasiadas dudas acerca del origen del problema. En el de Carlos Sainz, por el momento se conoce que la causa fue hidráulica, pero poco más. “Cada carrera es distinta, de modo que tenemos que analizar qué ha pasado aquí”, respondió Mattia Binotto, el director de la ‘Scuderia’, ante las preguntas de los periodistas. “Los motores volverán a Maranello y seguro que como equipo encontraremos una solución”, zanjó el ejecutivo.

