Cuando un coche es el dominante suele ganar el piloto más rentable para su escudería. El preferido en el despacho. Eso es lo que le pasó a Piastri frente a Norris, ese excelente producto de márketing para las nuevas generaciones. Primero empiezas a no estar contento con los reglajes, después te cae una orden de equipo como la de Monza y te ofuscas tanto que empiezas a cometer errores. Aunque te den el mismo material, la pérdida de confianza y la presión por perder algo que has tenido en las manos, hace que la gloria se te escape entre los dedos.

