Es la ironía y la belleza, la grandeza, del deporte más humilde, la carrera a pie, convertida una tarde calurosa y nublada de París en obra magna de ingeniería alrededor de un corazón, el de Faith Kipyegon, una atleta que comenzó corriendo descalza y calza un prototipo de zapatillas que quiere blancas y dejan con la boca abierta por su ligereza y su rebote, y seis clavos afiladísimos en su suela, y viste un traje de TPU, que parece plástico y algo es, con relieve, costuras soldadas, y, en el pecho, un sujetador impreso en 3D con TPU que parece hecho de aire, tan poco pesa, y la rodean 13 atletas, hombres y mujeres, que mientras da cuatro vueltas cronometradas al tartán del estadio de Charléty, crean a su alrededor una zona de bajas presiones para eliminar turbulencias y disminuir la resistencia del aire a su carrera. El césped, cubierto de una moqueta morada con los símbolos de Nike. La pista, azul. Es el apogeo de la era de la conversión del deporte en espectáculo.

