El Madrid aterrizó en la pasada Final Four muy castigado física y mentalmente por la durísima serie de cuartos contra el Partizán de Belgrado. Los blancos se convirtieron ante el grupo de Zeljko Obradovic en el primer equipo en la historia de la Euroliga que remontaba un 0-2 en una eliminatoria. La gesta dejó cicatrices en cuerpo y alma, además de una hilera de sanciones. Pero cuando las quinielas apuntaban a otro lado, surgió un equipo rebelde para doblegar al Barça en semifinales (66-78) con 20 puntos de Tavares la noche en que se hundió Mirotic, y después para vencer al Olympiacos (78-79) con la canasta terminal de Llull.

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