Los aficionados al ciclismo son promiscuos. Se pasean los miembros del club de fans de Alessandro Covi, con pancartas del Puma de Taino, con pelucas tricolor, y como están allí y su ciclista no corre la Clásica, se hacen fotos con cualquier corredor italiano que pasa por delante después del control de firmas. Que si Nibali, que les dice que va a ganar, que si Cataldo. Hasta algún portugués, como Rui Costa, se para y se fotografía en medio del Boulevard, plagado de turistas que arrastran maletas, y donostiarras que tratan de sortear los inconvenientes de un evento de multitudes.

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