¿Cuántas vidas caben en una sola persona? ¿Cuánta curiosidad y destreza puede atesorar un único ser humano? Para empezar a hablar de Esteban Vicente, sus amigos y familiares aclaran, por separado, que era un genio. Y, solo después, desgranan una cascada de anécdotas y recuerdos porque se niegan a aceptar que su muerte lo conduzca al cuarto del olvido. Pero antes de que la enfermedad lo alcanzase, una ataxia degenerativa sin cura, Esteban Vicente fue lo que le dio la gana, moviéndose de sueño en sueño. Siempre alcanzando un nivel excepcional, no solo en lo estrictamente deportivo: parece que el hombre de 69 años que no se despertó el pasado 26 de diciembre fue muchos hombres superpuestos. Existió un Esteban Vicente piragüista de élite, otro alpinista transgresor, uno que construyó una goleta de 31 metros de eslora y 120 toneladas, el que diseñó y creó una casa de ensueño y madera, el piloto de helicóptero…

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