Nunca, en la historia del fútbol español, el nivel de reputación estuvo más bajo y el nivel de tensión más alto. Está claro que el <em>Caso Negreira</em> ha terminado de colmar el vaso de agua estancada en el que vive nuestro deporte rey desde hace demasiado tiempo. Siendo muy respetuoso con la presunción de inocencia, hay que ser muy exigente, incluso beligerante, con pedir explicaciones urgentes al FC Barcelona y a<strong> Joan Laporta</strong>. Los demostrados pagos por parte de la Fiscalía de más de siete millones de euros durante 18 años resultan escandalosos desde cualquier punto de vista. La cuadruplicación del montante anual al vicepresidente de los árbitros por parte del actual presidente azulgrana le obliga a dejarse de victimismos y de campañas orquestadas. Ya veremos qué deciden los tribunales, pero, estética y éticamente, ya es aberrante. Luego se extrañarán de que las aficiones rivales les griten «a Segunda».

