Los eruditos de la San Remo, y cualquier italiano se siente uno, se pierden en la gasa de las palabras, un laberinto eterno, tratando de explicar lo que llaman los misterios de la classicissima, la carrera más fácil de ganar, tan soso es su recorrido, y la más complicada de interpretar, porque es estudio y espera, y un momento, una Cipressa que desgasta a 20 kilómetros de meta, y un Poggio que llega en la séptima hora, casi en el kilómetro 290, en el que todos hablan, los que suben, los que bajan, los que se agarran, los que resisten, y los sprinters.

