No hay en este Mundial un seleccionador más dispuesto a ganar o a perder aferrado a su libreto que Luis Enrique. En su primera derrota, que pudo suponerle la eliminación de no mediar la victoria alemana ante Costa Rica, España fue víctima del fundamentalismo con el que su seleccionador aplica su libreto. En su ideario futbolístico, la negación de la patada larga; la obligación de los centrales de salir casi siempre con la pelota jugada y la contabilidad del portero como un jugador de campo más para pasar el balón y crear superioridad ante la presión alta de los rivales son riesgos tan asumidos como innegociables para Luis Enrique.

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